miércoles, 5 de enero de 2011

LA RETÓRICA DEL CUERPO. SUPERFICIES. (1995)

Gregorio Ojer, Marruecos, 1995






El acontecimiento que reemplaza
este libro tropieza con el lujo de la desnudez.















Los vacíos se acumulan
El hombre tritura la historia
Y en los resquicios de su
Aliento levanta porvenires
Celosos de lo inacabado
El eco de su voz se proyecta
Desterrado
En el umbral del silencio
Las palabras no dichas
Calladas
Desbordan otras voces
Talladas por el soplo
De la muerte.













































































































He franqueado el umbral. La asfixia
De la cultura deviene en estos intersticios
En trayectorias. Estos espacios requieren
Un estado agónico. Aquí las grietas de la vida
Expulsan delirios y trashumancia.








































Recorro cada vértebra de esta ciudad
Con la ansiedad de sentirse penetrado.
Delirio y Deseo se funden en una palabra
Palabra silenciada por la pasión
De esta carnaza. La risa de las bacantes
Acompaña a las convulsiones de estas pieles
Escurridizas. El polen de dios abre su culo y mi lengua sortea
Cada obstáculo de sus pliegues.









































En cada rincón indisciplinado se abren
Paraísos cubiertos de mugre y deseo
Hay sombras de niños ya muertos que flirtean con
los pelos de mis acantilados, gemidos sin nombre
se adentran en cada poro reventado
la hospitalidad no conoce el tiempo
el tiempo es violado violentamente en aras de un
presente sin sentido.













































La imposibilidad de desentrañas lo que estas viviendo
Domina sobre todo surco de memoria.
Cada biografía queda diluida en un mar de desesperaciones
Entre manantiales secos se encuentra la jugada perfecta
Para recoger el eco de unos dados que jamás podrán ser arrojados
No hay rostros en esta jauría de ojos y tactos









































Sudor y espuma. El mar como línea de fuga
Entre dos cascotes de tierra que no quieren
Comprenderse
El suicidio es interdisciplinar. Agrupa y desdibuja
Territorios al compás de una música rasgada
Por el silencio.
Con paciencia ahogo la mirada y retiro los ojos
Que robé a la brisa
El silencio es el hábito de las grandes indecisiones.







































Placer sobre un rostro quebrado. La imaginación
Exultante se halla en lo desconocido. Pero el resultado
De estas sucesiones clausuradas nos invita a permanecer
Anónimos en un refugio de voces.



















































En el desencanto de ir viviendo por inercia
Nos columpiamos sobre un charco de náuseas
Y cenizas que nuestras palabras recogen cada vez
Que intentan localizar el viaje
El viaje no conduce a ninguna parte, entreabre los
Espacios donde el misterio y la simplicidad conviven
Hospitalariamente.











































Como estas palmeras abrasadas por el
Fuego de este infierno, así mi cuerpo en
Tu boca. Destrucción y pieles abotargadas
Por los espasmos de ninguna creación
Mi cuerpo balanceándose entre los pelos
De tu coñofalo








































Entre umbrales está el juego. Jirones de cuerpos
Lanzas y confidencias mistéricas, preceden a todo
Susurro corporal. La retórica del cuerpo en este delirio
Sustituye a todo apreciación ética
Cuando la ética o la moral clausuran un espacio
La retórica del cuerpo sustituye los susurros por transgresiones.













































En este incesante devenir hombre-vacío
Las palabras enloquecen en simas inescrutables
En pliegues de la corteza de la incertidumbre.
Hoy el temblor converge en confusión y la confusión
En placer y el placer en un espacio rasgado por el ojo
Que deviene en multiórgano.













































He tropezado con un abismo de náuseas
Y sirenas. El pensamiento triturado por su
Propia imposibilidad y desfigurado fluye entre
Este mosaico de masacrados horizontes
La inocencia saquea el festín del abismo















































Recogí a mi yo de un naufragio de identidades´
Con un martillo le golpeé hasta que devino en sangre y
Crispado por esa ardiente confusión consagré
Mi carne y orgasmos a la diferencia: esa terrible y profusa
Pesadez de superficies.















































Alba
Me basto
Sin recurrir
A esos destellos
De paisajes
Invernados










































Basta una mirada
Tu cuerpo acompañando
Cada silencio
Que fui arrinconando
En las palabras
Basta una mirada
Extensión inextinguible
De mis ojos desnudos
Por el murmullo
De tu desafío





































En el ahogo eventual, la carne se
Escapa, desprendiendo lo que ha
Ocupado su lugar. El deseo como una
Nube negra que cuelga del abismo
Expande sus formas náufragas hasta
La absorción de la inteligencia.
Un combate de superficies aligera
La ruptura de la verticalidad










































Carnaza: vertiente delirante de este soplo-guía
Maquinaciones clausuradas rasgan el crepúsculo
Abortado.
En la mentira de guiarse verdugo reaparece la
Representación constreñida de sentirse herida:
Mera huida detrás de las cimas cobardes de tu vientre.













































Repetí en su refugio
Los nombres de la ausencia
Desplegué en el vacío



Los ecos de su piel
El mar estalló


Sobre el rostro de arena
Y un murmullo se extendió
Tras los cristales
De sus labios







































Delirio
En los bordes de
Las palabras
Reconozco los
Pliegues que
Abortas
Delirio.






































Entretanto el sol
Se bañaba en mi sangre
Y esa fatal profundidad
Recluida
En los sueños de la tierra
Comienza a manifestarse
en su cuerpo





































A Máxima Ibáñez.

Hoy señores la mucha conciencia
La mucha conciencia
Y el amar a dios
Ha venido un rico forastero
A quitarle los ajos
A un trabajador

Máxima Ibañez






La estrategia del recuerdo se debe a
Su propia ausencia. En los espacios
Blancos de la memoria el silencio se
Recobra de su agotamiento


































Rostro, los vacíos que van dejando al
Hablar
Se recogen en tu otro rostro





















































Belleza, vientre henchido
En un lecho que duermen
Los sueños de tus rostros.
Tu mirada se agota en el grito
Y en los instantes suspendidos
De tus tentaciones
Te asombras de tu inmensidad.











































En el dédalo de mis pies, perdido
Mi cuerpo deshuesado
Sonríe a un brazo-rama que intenta
Arriesgándose en ese torbellino de
Delirios, sopesar la transparencia de
Sus gestos-cortezas.










































¿Hay algún rostro acostado en lo
Imposible capa de trazar la
Complicidad en la mirada de la muerte?

















































El hechizo de la nada
Recorre cada constelación
Fugitiva
Entretanto un niño afronta
El descubrimiento de la noche
Y desea que el error encendido
De sus ojos
No se postre en el rincón escindido
De su rostro








































En este paisaje agrietado
El rostro vencido
Confluye con lo hostil

















































Devolved la belleza
A cada estrella
Ahorcada en mis labios
Lo perdí todo
Cuando aquel instante
Súbitamente
Se perdió en el salitre
De su rostro.











































Entre las fallas de su cuerpo
Se agitan las alas del vacío
El soplo de su rostro náufrago
Se precipita en las simas de mis ojos
Mirada que perturba lo desconocido
De su tempestad.









































Entre ventanas arrancadas por el
Viento de la historia la razón
se precipita hacia paisajes
de cartón-piedra que el deseo ha ido
tejiendo en su delirio y nombra lo que el deseo
borra de sus rostros.
















































Poeta oblicuo
Cristal vacío
Esperas el grito
De tu vela apagada
Tras las cortinas de museos muertos
Poeta...
Desgarrado amigo
De silencios
Cristal oblicuo
Poeta vacío.


A Mikel Berrio




































Desde la retórica oxidada se olvida
De las palabras, las cosas y los cuerpos
Se ocultan tras el manto de lo ‘ nunca
Jamás dicho’.
Los silencios, entonces, se aprecian espolones
Golpeados por la espuma de esas historias
Que conducen a ningún lugar.







































En esta espera se resisten las
Palabras. El desorbitado abandono
Tras la claridad de estos colores
Avanza segregando pretensiones
Consumidas por el placer
El último hombre influido por el espanto
Se desvía de la historia invisible.












































La mentira del pensamiento es
Construir núcleos donde hay elipsis
Y oblicuidad
La razón como la creencia es una fábula
De castrados
El discurso un manto de sudarios

De las astillas de las palabras
Hago delirar las voces que entienden
De tolerancia no de acuerdos

































A ti.


Durante estos segundos transcurridos
Tu cuerpo ha ido debilitándose en mi boca




En ese horizonte de cristales rotos
Que tú y yo dibujamos con el deseo
Tu nombre escapa de la sangre derramada
Por mis silencios.





Tu perfil se resquebraja en mi piel





Astillas en cada raíz de mi cuerpo






Descubres la oquedad de mis delirios





Nadie, un murmullo de ausencias sobre
Una mirada perdida





Nadie: tú y yo: exceso de Geografía










La belleza no se resiste a la imaginación
Los recuerdos se irritan y cerrados en obscuros obstáculos
Se expanden violentamente en este
Embalsamamiento de pieles.
Lo inesperado es un prodigio de la espera
Y es en estos espacios donde intento
Levantar un oráculo al destino gastado
De estos simulacros.






































En las frías aguas de tu piel





En lo insostenible de sus dominios
La oscura placenta
De su boca
Tortura
Con desesperaciones
Y avalanchas
De instantes retenidos


























En el dolor hollado por esos obedientes
Y provisionales enigmas apareció rodeado
De niños y excrementos. Su piel se extraviaba
En el lenguaje aturdido de la muerte y el cristal
Nómada de sus venas franqueaba la angustia insondable
De sus abandonos.
Estalló la renuncia y golpeó las ilusiones perversas de sus
Crímenes.
Abrigado con un coral de tedio miró al vacío
Y desescombró su herida de estrellas y cielos suicidas.
El mar codiciaba el terror y el cielo se hundía en un charco de lunas
Muertas.
Ahora permanece impasible a mi sed de torbellinos y a estos signos
Suavemente guillotinados.

































Cuando se percibe el combate en esos
Atardeceres ahogados en mares de hielo
La luna codicia en su meditación de arenas
El destello impreciso de la vida sumergida y
Extraviada: el abandono en los límites de
Este mismo texto.


















































Ese otro





Vagabundo reciclado
Polvoriento de ese otro
Que no es nada
Mas que un espejo vacío
Y un mundo transformado
Por variaciones percibidas
Por ese otro que es
Nadie, nada
En sus multitudes



El arma se encrespa en su espalda






























Bataille y el abismo




Una espina dorsal
Doblegada
Por la amenaza de una
Luminosa boca
Onanista
Se entrega a los tics
Desmoronados
De un festivo ano solar



































Destroza en ese hábito de quemar
Paisajes, los reflejos de un atardecer
Cansado. Aparta los silencios agasajados
De sufrimientos. Y agonizando sobre esa nube que
Oculta el sol, cruza los dedos y besa el mar.
















































Te destrozo en las fallas de mis pensamientos
Grito tu nombre tras los volcanes de mis pieles
Cambio de geografía tras un gemido precoz..
Y entre torres de babel esparzo mis estériles
Palabras.













































Vi derramarse tu sangre entre los poros
De las piedras. Sobre el altar tu delirio
Forcejeaba con mi distancia. Y en todos
Los silencios que habitaban alrededor
Del ritual, tus llagas estallaban recobrando mi
Cuerpo invisible










































En el misterio el exceso se prolonga
Inmóvil. No hay pieles que puedan
Atrapar tan sombrío estado. Los ojos
Trazan espirales conducidas al sacrificio del
Nombre. Y el sudor adherido al deseo
Irrita los vacíos que ha ido dejando a su paso
El placer.













































Oraciones-masturbaciones. Es una exageración
Que manche tus labios con esta retórica
Envejecida. Tus esfuerzos se desvanecen en mi
Boca
Toma mi mano y rompe el azar y detrás
De esta nube
Insurrecta
Agótate
Cubre este placer con un manto de acechos
Y gemidos
Hay relatos de salitre
Cristalizados en tus confidencias.


































Visión: un caballo vacío, putrefacto hollando
Estas arenas barridas de mi pecho.
Sus crines arden bajo este sol de ahogos.
Detrás muy detrás de la espuma baldía tu nombre
Es llevado hacia los acantilados de mis uñas
















































Soledad. Esta rotura incesante de huesos
Y sangre cuando el exiguo aire que queda
Desaparece tras una hilera de humo y opio
La extensión se aprecia espacio y el sollozo
Que muere en mi espalda socava los ruegos
Y ademanes confinados a ese tiempo que nunca
Volverá.











































Por las arterias de estos paisajes, tus perfiles
Resquebrajan los pocos espacios infieles
No hay recuerdos que dibujen ese tesoro
Jamás encontrado. Vuelvo a dirigirme al vacío
Y a lo lejos hay algo que ofrece luz
Mis pies se encuentran cansados y ya no quieren
Hablar de huellas.










































El tiempo que vendrá se ha marchado
Entre su astillada biografía
Otros espejos reflejan el pánico
De sus voces.
















































Fuego. Restos de una pasión
Pulverizada
Las noches de sus palabras brillan
En las superficies
De otras escrituras
Arrastradas
Por los torbellinos
De su ausencia.








































Los rostros de la muerte (en memoria de Rene Char)




1.

no hay tiempo vivido
ni tiempo por vivir
este desierto no nos ofrece más
ilusiones
sólo, pensamientos de arena
que recalan irreversiblemente
en las dunas
de las muertes




2.


ola desmemoriada
abatida por los celos
de la espuma

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